MORIR DE PIE
Durante años viví atrapado en un cuerpo que no podía sostener mi alma. Pesaba 422 libras. Tenía diabetes, hipertensión, apnea del sueño, problemas de enfoque, baja autoestima… y una fe debilitada. Dormía mal. Me levantaba sin propósito. Me estaba muriendo, pero no se notaba, porque aún estaba de pie.
Lo más triste no era estar enfermo. Lo más triste era que
llegué a creer que eso era normal. Pero Dios no me dio una dieta. Me dio un
llamado. Fue duro. Fallé muchas veces. Subí y bajé. Pero cada vez que caía, Él
me hablaba más claro: “Esto no es solo
para ti. Es para que levantes a otros.”
Hoy peso 250 libras. Sigo en el proceso. Pero ya no soy esclavo. Ya no vivo en vergüenza. Y ya no me callo. Porque entendí que mi cuerpo no era un proyecto estético. Era un templo descuidado… que Dios quería restaurar.





.jpeg)













