Comunicador | Director, La Revista Chocolate
Me he quedado unos minutos más en
el estacionamiento de la iglesia.
Mientras observaba a los hermanos
salir, los vehículos comenzaron a abandonar el lugar uno tras otro. Algunos se
saludaban de lejos. Otros compartían una breve conversación antes de marcharse.
También estaban los de siempre, aquellos que cada domingo se buscan para
saludarse y compartir unos minutos juntos. Otros caminaban apresurados hacia
sus compromisos.
En cuestión de minutos, el templo
quedó prácticamente vacío.
Y mientras contemplaba aquella
escena, me hice una pregunta que todavía no logro sacarme de la cabeza:
¿Cuántas de las personas que acababan de adorar juntas conocían realmente la vida de quienes habían estado sentados a su lado durante el culto?





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