Cada vez que se
acerca esta fecha, me pasa lo mismo.
Cuando se habla
de Nagua Ciudad de Dios, la conversación casi siempre se queda en lo
religioso. Y sí, es un evento de fe, de identidad espiritual, de encuentro. Eso
nadie lo discute.
Pero hay algo
que pocas veces se dice con claridad:
esto también es ciudad.
Y cuando uno lo
mira con calma, se da cuenta de algo importante.
Estamos hablando de un evento que tiene más de 20 años realizándose de manera continua, trayendo personas a Nagua desde distintos puntos del país y también del extranjero.
No en masa como
un concierto internacional, pero lo suficiente para sentirse.
Los hoteles lo
saben.
Los restaurantes lo saben.
Los pequeños negocios lo saben.
Cuando llega
ese día, la ciudad se mueve diferente.
Y en un
municipio donde el turismo no es constante todo el año, eso tiene peso.
Aquí hay un
punto que creo que como pueblo debemos mirar con madurez:
más allá de
credos o denominaciones, estamos frente a una actividad que por más de dos
décadas ha traído gente buena a la ciudad, ha generado movimiento económico y
ha proyectado el nombre de Nagua fuera de sus límites.
Eso no es poca
cosa.
Y quizá por
haberlo dejado solo en el lenguaje religioso, no lo hemos valorado en toda su
dimensión.
Porque
independientemente de si alguien pertenece o no a esa línea de fe, hay algo
objetivo:
Nagua se convierte en punto de encuentro.
Y cuando un
lugar logra eso, merece atención… y también respaldo.
No desde la
imposición.
No desde la emoción pasajera.
Desde la conciencia de ciudad.
Apoyar lo que
genera vida, orden y encuentro positivo siempre será una inversión social
inteligente.
Al final, una
ciudad no se construye solo con obras.
También se construye con eventos que dejan huella en el tiempo.
Y este, sin
duda, es uno de ellos.
Este sábado 21
de febrero, desde temprano en la mañana, volveremos a ver esa escena frente al
Ayuntamiento.
Más allá de la
creencia de cada quien, será otro día donde Nagua respira distinto.
Y tal vez, si
lo miramos sin prejuicios, entendamos algo sencillo:
hay eventos que
no solo hablan de fe…
también hablan de ciudad.
Historias con alma. Textos que permanecen.


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