www.larevistachocolate.com
Hay noches en que algo arde en el pecho.
No es ansiedad.
No es culpa.
Es un llamado.
En esas madrugadas en
que uno se levanta de la cama a orar —no para pedir cosas, sino para pedir
dirección— entendí que la Navidad no es una fecha que se celebra…
es una verdad que se encarna.
Fui criado como
cristiano creyendo que la Navidad conmemora el nacimiento de
nuestro Señor Jesucristo.
Pero cada año la pregunta vuelve, más incómoda, más insistente:
¿Por qué celebramos su
nacimiento tan lejos de su manera de vivir?
¿Por qué tanta mesa llena… y tantas vidas vacías?
¿Por qué tanto canto… y tan poco gesto?
Jesús no nació rodeado
de luces.
Nació rodeado de necesidad.
Y no vino a ser admirado, vino a servir.
La Palabra no deja
espacio para confusión:
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y
me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me
cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.”
Mateo 25:35–36
Cristo no está perdido.
Está esperando.
En la viuda.
En el enfermo.
En el huérfano.
En el preso.
En esa persona que esta Nochebuena no tendrá cena, visita ni abrazo.
Y aquí viene la parte
que incomoda —porque el Evangelio también incomoda—:
no hacer nada también es una decisión
espiritual.
“La fe, si no tiene obras, está muerta.”
Santiago 2:17
No se trata de religión.
Se trata de obediencia visible.
Y entonces comprendí
algo más profundo:
mi poder no está en lo que poseo…
está en cómo respondo a lo que
Dios me muestra.
Mi pluma no es un
talento.
Es una responsabilidad.
Porque las ideas que llegan solo pueden tocar a otros si Dios decide usarme
como canal.
No para lucirme.
No para ser visto.
Sino para servir en silencio.
Jesús fue claro:
“Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu
derecha.”
Mateo 6:3
Por eso hoy no te
escribo para inspirarte.
Te escribo para invitarte a obedecer.
Hazlo simple.
Hazlo hoy.
Hazlo sin testigos.
Toma una parte —solo una
parte— de lo que ibas a gastar en fiesta, ropa o regalos.
Haz una compra pequeña.
Y llévala a esa persona que tú sabes —porque Dios ya te la mostró— que la
necesita.
Sin cámara.
Sin anuncio.
Sin historia que contar.
Que sea un secreto entre
tú y el Señor.
Un gozo privado.
Una adoración práctica.
Porque somos hijos de un
Rey.
Príncipes de luz.
Y la luz no se proclama: se derrama.
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos.”
Mateo 5:16
Si este escrito toca tu
corazón, no me felicites.
No compartas mi nombre.
No levantes mi voz.
Dale la gloria a Dios.
Yo no soy la bendición.
Solo soy el canal.
Y no existe mayor
recompensa que esta:
sentirse útil en las manos del Señor.
🔔 LA ACCIÓN (INICIATIVA NAVIDEÑA SILENCIOSA)
“Una
Mesa para Cristo”
Regla de oro
·
Una sola acción
·
Una sola persona o familia
·
Cero publicación
·
Cero comentario
·
Cero reconocimiento
El ritual
1.
Ora en privado.
2.
Decide un monto que te incomode un poco.
3.
Compra alimentos básicos
o una cena sencilla.
4.
Entrégala antes o en Nochebuena.
5.
Retírate sin explicación larga.
6.
Da gracias a Dios en
silencio.
Cláusula espiritual
Si alguien te pregunta,
responde solo:
“Era necesario.”
Nada más.
_______________________________________
Historias con alma. Textos que permanecen.


Amén 🙏, no para los hombres sino para el señor …
ResponderEliminar