En una ciudad donde muchas decisiones públicas terminan sin explicación y donde la memoria institucional se diluye, surge una pregunta obligatoria: ¿Qué pasó con el proyecto del Parque Ecológico en Nagua? Quien transita por la zona solo puede describir un panorama preocupante: abandono visible, deterioro de la infraestructura, acumulación de desechos y escombros, y señales de impacto sobre un entorno que aparenta ser humeral/manglar, un ecosistema especialmente sensible. Más allá de opiniones, lo que se observa plantea un problema real de salud ambiental, imagen urbana y protección del patrimonio natural, en un punto estratégico de la ciudad: salida hacia Cabrera, en un corredor donde se anuncian y ejecutan proyectos de desarrollo y donde el espacio público debería reflejar orden, gestión y respeto.
Por eso, la ciudadanía
tiene derecho a exigir una respuesta clara y documentada: ¿en qué etapa quedó ese proyecto, qué fue
aprobado, qué se ejecutó, con qué fondos y quién quedó formalmente responsable
de su administración y mantenimiento? Si existe una institución
responsable —sea el Ministerio de Medio Ambiente, el Ayuntamiento, una
dirección provincial o un esquema de co-manejo—, debe estar identificado por escrito, con funciones
definidas, presupuesto asignado y un plan de operación y mantenimiento. Y si el
área presenta conflictos históricos sobre titularidad o uso del terreno, o si
hubo controversias políticas o comunitarias en años pasados,
eso no puede quedarse en versiones: tiene
que constar en expedientes oficiales, delimitaciones, resoluciones y
decisiones administrativas verificables.
Lo que hoy no puede
normalizarse es que un espacio descrito como ecológico termine convertido, en
la práctica, en un punto de vertido
informal de basura dentro o próximo a un ecosistema frágil, sin
control visible, sin vigilancia efectiva, sin señalización ni medidas de
protección. La pregunta no es para “buscar culpables al aire”, sino para
establecer responsabilidades institucionales y corregir el rumbo: ¿Quién responde hoy por esa zona y qué acciones
inmediatas se implementarán para detener el vertido, sanear el área y recuperar
el valor ambiental del lugar? La comunidad merece transparencia, un
cronograma público de intervención y un compromiso medible que devuelva
dignidad a Nagua.
Historias con alma. Textos que permanecen.


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