sábado, 10 de enero de 2026

Picapollo Leslie: donde Nagua aprendió a esperar


 Por Rafael Enrique Correa
Comunicador | Director,  La Revista Chocolate

En la calle Mella, casi esquina Luperón, frente al antiguo local de la Logia Nueva Era, hay un punto fijo en la geografía emocional de Nagua. No es un monumento ni un edificio histórico. Es algo más profundo: un ritual cotidiano que ha sobrevivido 30 años sin renunciar a su esencia. Ahí está Picapollo Leslie.

No hablamos solo de pollo frito. Hablamos de oficio, de constancia, de familia. Hablamos de la familia Gonell Díaz, que cada mañana abre el día con la misma disciplina con la que otros abren una Biblia: temprano, con respeto, con la convicción de que el trabajo bien hecho es una forma de honradez. Aquí no hay atajos ni relevos anónimos. Aquí se fríe entre hijos, nietos y hermanos, como se ha hecho siempre.

Generaciones de nagüeros hemos crecido con ese sabor. Algunos llegaron caminando desde la escuela; otros, en motor, con el casco bajo el brazo; otros, desde la distancia, marcando un número antes de aterrizar. Y sí, al otro lado del teléfono suele estar Igor, hoy gerente general, con su célebre “30 minutos”. Todos sabemos que no son literales. Y aun así, esperamos.

Esperamos porque entendimos algo que no se aprende en redes: la calidad también tiene tiempo. Esperamos porque sabemos que lo que viene es limpio, respetuoso, bien hecho. Porque no es solo el crujido; es la certeza de que detrás hay manos conocidas y un nombre que cuidar.

Picapollo Leslie se volvió símbolo sin proponérselo. Para el nagüero que vive en Estados Unidos o en Europa, el regreso tiene estaciones inevitables: el coco tierno de Ricuras de Doña Esperanza… y una parada obligatoria en Leslie. Llamar, reservar, esperar y sentarse con esa mezcla exacta de sabor y memoria que devuelve al cuerpo —aunque sea por un rato— a casa.

Este texto no es una reseña. Es un acto de reconocimiento. Porque los pueblos no se sostienen solo con obras grandes; se sostienen con familias que perseveran. Con negocios que entienden que el éxito no siempre es crecer en tamaño, sino mantener la dignidad.

Hoy, cuando todo corre, Picapollo Leslie nos recuerda que hay cosas que se hacen mejor despacio. Y que, a veces, esperar también es una forma de pertenecer.

Ahora les pregunto a ustedes, comunidad nagüera —aquí y en la diáspora—:
¿Qué lugar de su pueblo añoran? ¿Cuál los trae de vuelta con solo nombrarlo?
Muchos mencionan la Pizzería La Oveja. ¿Sigue ahí? Eso lo veremos en el próximo capítulo, cuando sigamos descubriendo y resaltando esos espacios incógnitos que formaron nuestra ciudad cuando antes no había nada.

Porque cuidar la memoria también es una forma de progreso.

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Comunicador con 22 años de experiencia y director de La Revista Chocolate.
Miembro del SNTP, ADOMPRETUR e IFJ.
Escritor de Semblanzas & Biógrafo Personal.
Ghostwriter especializado en historias humanas.

Si deseas una semblanza para boda, aniversario o despedida; una biografía familiar o empresarial; o un reportaje sobre tu negocio o proyecto, puedes escribirme al 809-584-1220 (solo mensajes).

Historias con alma. Textos que permanecen.

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Hoy no solo se trata de recordar, sino de
ser parte activa de la historia.

Si quieres vivir la experiencia completa, marca el 809-584-2304, pide tu picapollo y prepárate para disfrutarlo como manda la tradición.

Y sí… ya lo sabes:
si tienes prisa, pide con tiempo.
Y si no, relájate y espera los famosos “30 minutos” de Igor, que todos sabemos que son una referencia espiritual
😄

Porque en Picapollo Leslie no solo se fríe pollo:
se fríe historia, se sirve memoria y se comparte identidad nagüera.






 

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