Evolución
urbana, arte público y memoria viva en Las Terrenas
Durante años, quienes subían al mirador de Las Terrenas
encontraban algo más que una vista privilegiada del Atlántico. Allí estaba el
letrero #MiParaíso, una pieza
sencilla, colorida, casi infantil, que con el tiempo trascendió su forma para
convertirse en un símbolo emocional
del lugar. No fue concebido como marca oficial ni como estrategia
institucional, pero terminó formando parte del paisaje afectivo de residentes y
visitantes.
La obra fue creada en 2017 por el artista dominicano Rafael De los Santos, Pote de Leche, como parte de una iniciativa vinculada a una campaña de Semana Santa impulsada por la cuenta Carreteras del Nordeste. Lo que inició como una propuesta puntual tomó un rumbo más profundo cuando el artista planteó una alternativa que dialogara con el paisaje, en lugar de imponer un objeto visual sobre él.
El proceso detrás de la pieza
Según testimonio directo del artista, la obra fue construida en metal para garantizar su
durabilidad frente al entorno marino. El proceso se desarrolló en Santo Domingo,
en el taller del cineasta y diseñador de
producción Ricardo Folch, profesional vinculado al ámbito del cine y
las artes visuales, con quien se trabajó la fabricación de la estructura antes
de su pintura final e instalación en Las Terrenas.
Este dato no es menor. Revela que #MiParaíso no fue un gesto improvisado,
sino una pieza pensada, diseñada y ejecutada con criterio técnico y artístico,
integrando arte urbano, escenografía y conciencia del espacio público. El
personaje lanzándose al mar no bloqueaba la vista: la acompañaba. Esa decisión
conceptual fue clave para su posterior apropiación por parte del público.
Con el paso del tiempo, la obra fue adoptada por la
gente. Se convirtió en punto de encuentro, escenario de fotografías, referencia
espontánea y recuerdo compartido. Esa apropiación colectiva es, precisamente,
lo que transforma una obra urbana en patrimonio
simbólico, aun cuando no exista una declaratoria formal.
Evolucionar también es legítimo
En septiembre de
2025, el Ayuntamiento de Las Terrenas presentó oficialmente su nueva Marca Ciudad: Corazón del Paraíso, una iniciativa institucional
orientada a fortalecer la identidad visual, cultural y turística del municipio.
El proyecto incluyó nuevas esculturas y elementos gráficos que hoy forman parte
del paisaje urbano, bajo una lógica de orden, coherencia y estrategia de
posicionamiento territorial.
La evolución de las ciudades es natural. Las identidades
visuales se actualizan, los espacios se redefinen y las gestiones locales
tienen pleno derecho a proponer nuevas narrativas urbanas. En ese sentido, el cambio no es el problema. La
intención institucional es legítima y responde a una visión de desarrollo.
El punto sensible: el cómo
Lo que invita a la reflexión no es la sustitución del
símbolo, sino la forma en que se gestionó
la transición.
Hasta la fecha, no existe información pública clara sobre
el destino de la pieza original de #MiParaíso:
si fue almacenada, reubicada, donada o resguardada como parte del patrimonio
cultural reciente. Tampoco consta un comunicado oficial que explique el proceso
de retiro o que documente el cierre simbólico de una obra que marcó a una
generación de usuarios del espacio.
El propio artista ha expresado que no fue informado previamente del retiro,
aunque asume el hecho sin resentimiento, desde una comprensión propia del arte
urbano: quien crea en la calle sabe que las obras pueden desaparecer. Aun así,
reconoce —y en ello coincide gran parte de la comunidad— que la pieza logró
algo poco común: convertirse en recuerdo colectivo.
Y cuando eso ocurre, el tratamiento cambia.
Protocolo cultural: una oportunidad real de hacerlo mejor
Cuando una obra es la primera en su tipo, cuando es creada por un artista
identificado, cuando se conocen su proceso, colaboradores y propósito cultural,
y cuando además ha sido adoptada emocionalmente por la comunidad, el
tratamiento institucional merece un protocolo
más fino y dialogado.
Esto no significa impedir el cambio, sino acompañarlo con sensibilidad cultural y
coordinación interinstitucional.
En el caso de #MiParaíso,
la pieza no formó parte originalmente de un proyecto municipal, sino de una
iniciativa creativa vinculada a la expansión de la red vial y a la interacción
con el paisaje. El lugar donde estuvo instalada se sitúa en una ruta que forma
parte del Boulevard Turístico del
Atlántico y de la Autopista del
Nordeste (Vía RD-7), infraestructura que hoy es administrada dentro
del esquema del Fideicomiso RD Vial,
bajo la dirección de Hostos Rizik Lugo.
Si existiera una coordinación efectiva entre el municipio
y el Fideicomiso RD Vial, todavía hay
opciones reales para que el símbolo original tenga un destino que
honre su memoria sin interferir con la nueva identidad oficial de la ciudad. Por ejemplo:
·
Reubicarlo en un espacio visible dentro del tramo vial
administrado por RD Vial, con el consentimiento del artista, como parte del
archivo y la memoria urbana de la ruta.
·
Cederlo a un espacio público o centro cultural local
donde pueda ser preservado y contextualizado para visitantes y residentes.
·
Integrarlo en un nodo de interpretación turística o mural
urbano, con señalética que explique su origen y su relación con la comunidad.
·
Incluirlo formalmente en los registros de patrimonio
cultural intangible del destino, acompañando la nueva marca municipal.
Estas alternativas son coherentes con una visión
contemporánea de identidad urbana que reconoce tanto la institucionalidad como
la memoria afectiva de los
habitantes y visitantes.
Porque la memoria urbana no se opone al progreso; lo complementa.
Ciudades que avanzan sin borrar
Las Terrenas es un territorio diverso, creativo y
profundamente humano. Su identidad no se construye únicamente desde los
manuales de marca, sino también desde los gestos espontáneos que la gente hace
suyos. El verdadero desafío de las ciudades contemporáneas no es elegir entre
pasado o futuro, sino aprender a dialogar
con ambos.
La nueva Marca Ciudad tendrá su propio recorrido y su
propio arraigo con el tiempo. Pero la historia reciente también merece cuidado.
No por nostalgia, sino por respeto a la
memoria colectiva.
Epílogo
contextual
Ahí se entiende todo.
Cuando un símbolo local es utilizado de forma orgánica
por una misión diplomática extranjera para comunicar país, paisaje y emoción a
una audiencia internacional, ese símbolo ya
sobrepasó los límites de una ciudad. Ya no pertenece a una gestión ni
a una jurisdicción administrativa. Pertenece a la memoria compartida.
Y eso no le quita derechos al municipio,
pero sí le añade responsabilidades.
El origen de #MiParaíso
nunca fue institucional, y precisamente por eso su alcance fue mayor. Nació
libre, dialogando con la gente y el paisaje. Por eso conectó. Por eso se volvió
postal. Por eso, incluso después de su retiro físico, sigue siendo una imagen
reconocible del destino.
A eso me refiero …
Porque hay símbolos que, sin permiso ni decreto, se convierten en identidad
viva.
Y cuando eso ocurre, el progreso no debería borrarlos, sino saber dónde colocarlos en la historia.
Historias con alma. Textos que permanecen.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
En la Revista Chocolate valoramos cada palabra y cada opinión.
Muy pronto nos pondremos en contacto contigo si es necesario.
📬 Mientras tanto, te invitamos a seguirnos en Instagram [@revistachocolate] y a descubrir más historias que merecen ser contadas.