Una reflexión necesaria sobre conciencia, nutrición y dominio propio
Todos los días se repite
la misma escena.
Una persona entra a Ricuras Doña Esperanza con la misma
pregunta, cargada de esperanza y de temor:
“¿Ustedes tienen dulces para diabéticos?”
Podría decir que sí.
Podría hacerlo fácil.
Podría vender más.
Podría decir que ese
dulce está hecho con miel orgánica de montaña, natural, artesanal, “buena para diabéticos”. Podría usar
palabras bonitas, etiquetas atractivas y dejar que la emoción haga el resto.
Pero no lo hago.
Porque eso sería una
mentira.
Y en nutrición, la mentira no solo engaña: daña.
Cambiar el nombre no cambia el impacto en el cuerpo
El cuerpo no entiende de
etiquetas comerciales.
El cuerpo entiende de glucosa, insulina,
inflamación y desgaste metabólico.
La gran trampa del
mercado ha sido hacer creer que todo lo que no diga “azúcar blanca” es
automáticamente seguro para una persona con diabetes. Y eso no es cierto.
Miel, panela, azúcar
morena, azúcar de coco, agave, melaza, jarabes “naturales”:
todos siguen siendo azúcares desde el punto de vista metabólico.
Todos elevan la glucosa.
Todos exigen una respuesta de insulina.
Lo “natural” no vuelve
inocuo lo que el cuerpo procesa como azúcar.
Un páncreas cansado no se impresiona con historias bonitas.
El problema no es el
dulce: es la mentira
Decirle a una persona
con diabetes que un dulce es “para
diabéticos” sin explicarle contexto,
porción y responsabilidad no es compasión. No es cuidado. Es
conveniencia comercial.
Un diabético no necesita
promesas falsas.
Necesita verdad.
Necesita educación.
Necesita criterio.
Los edulcorantes:
herramientas, no permisos
En el mercado dominicano
se utilizan múltiples edulcorantes y sustitutos del azúcar. Algunos pueden ser
útiles; otros simplemente endulzan; muchos se usan como excusa para seguir
vendiendo excesos.
Sucralosa, aspartame,
acesulfame-K, sacarina, ciclamato, alcoholes de azúcar como eritritol, xilitol,
maltitol o sorbitol, y productos “con
stevia” forman parte del paisaje actual.
Algunos no elevan
directamente la glucosa.
Otros generan molestias digestivas.
Muchos vienen mezclados con rellenos que el consumidor no entiende.
El problema no es que existan.
El problema es presentarlos como
salvación.
Cambiar el endulzante no
convierte un postre en medicina.
Solo cambia la herramienta.
La alulosa: una opción
moderna, con la verdad por delante
La alulosa es una de las
mejores alternativas disponibles hoy. Tiene un impacto mínimo en la glucosa y
en la insulina en la mayoría de las personas y permite una repostería más
honesta.
Pero aquí hay que decir
la verdad completa:
La alulosa no convierte un dulce en saludable.
No autoriza a comer sin control.
No elimina la necesidad de disciplina.
Un postre con alulosa
sigue siendo un postre.
Debe ser ocasional, con porción consciente, dentro de una vida ordenada.
Eso es respeto.
Eso es educación.
Diabetes tipo 2: el
cambio real no está en la vitrina
La diabetes tipo 2, en
muchos casos, está profundamente ligada al estilo de vida.
No se trata solo de
quitar azúcar.
Se trata de cambiar la relación con la comida, con el movimiento y con el
cuerpo.
Nutrición consciente,
entrenamiento funcional, masa muscular activa, descanso, manejo del estrés y
dominio propio hacen más por la diabetes tipo 2 que cualquier “dulce especial”.
Sí, hay casos donde
mejora.
Sí, hay casos donde se revierte.
Pero nunca por un postre.
Siempre por hábitos sostenidos.
Diabetes tipo 1: otra
realidad, otro respeto
La diabetes tipo 1 no se
cura con dieta.
Es una condición autoinmune que requiere manejo médico permanente.
Aquí no caben fantasías
ni discursos ligeros.
Una persona con diabetes
tipo 1 puede disfrutar algo ocasional, sí, pero siempre dentro de su esquema
médico, con conciencia y responsabilidad.
Decirle que un dulce es
“seguro” solo porque no tiene azúcar es jugar con su salud.
La verdad incomoda a
algunos (y es normal)
Sé que este mensaje no
le va a gustar a todo el mundo.
No le va a gustar a
quienes buscan alivio rápido sin
cambiar hábitos.
No le va a gustar a consumidores acostumbrados al autoengaño, a escuchar lo que quieren oír.
No le va a gustar a comerciantes que viven cómodos dentro de la narrativa de
“sin azúcar = seguro”, aunque sepan que no siempre es verdad.
Y está bien.
No estamos en contra de
nadie.
Estamos a favor de la verdad, la
educación y la responsabilidad.
Cada quien decide.
Nosotros elegimos no mentir.
Por qué hablo así (y por qué no me callo)
No hablo desde la teoría.
Hablo desde haber estado del otro lado.
Yo fui esa persona
enferma.
Fui obeso.
Llegué a pesar más de 422 libras,
con diabetes, hipertensión, inflamación
crónica, cansancio permanente y una vida desordenada y deteriorada.
No fue un dulce lo que
me sacó de ahí.
No fue una etiqueta bonita.
No fue una solución rápida.
Fue autodisciplina.
Fue dominio propio.
Fue nutrición ancestral consciente.
Fue ordenar el cuerpo y la mente, alineado con principios bíblicos.
Y lo digo con claridad y
gratitud:
Dios me devolvió la vida, la vitalidad,
la salud y la fuerza, no por magia, sino a través de decisiones
diarias sostenidas.
Eso es lo que tengo para
compartir.
No ilusiones.
No permisos para seguir igual.
Verdad que libera, aunque incomode.
El cuerpo como templo y
el dominio como acto de amor
El cuerpo es el templo
del Espíritu Santo.
Y el dominio propio no es represión: es gobierno.
Gobierno sobre el
impulso.
Gobierno sobre la excusa.
Gobierno sobre la mentira cómoda.
Nuestra postura como
familia y como marca
En Ricuras Doña Esperanza hemos decidido
algo simple y firme:
preferimos decir la verdad, aunque incomode.
No creemos en vender
ilusiones.
Creemos en educar.
Creemos en el dominio propio.
Porque mentir, aunque
venda, no sana.
Y educar, aunque confronte, protege.
Un llamado final a la
conciencia
Este año, más que buscar
“dulces para diabéticos”, necesitamos
buscar conciencia para seres humanos.
Ningún dulce salva.
Ningún dulce condena.
Lo que define la salud
es lo que se repite cada día, no lo que se consume ocasionalmente con criterio.
La salud no se compra en
una vitrina.
Se construye con decisiones.
Y decir la verdad,
aunque no siempre venda,
es una de ellas.
“Me es lícito todo, pero no todo conviene; me
es lícito todo, pero no me dejaré dominar de ninguna cosa.”
— 1 Corintios 6:12
“El hombre que se domina a sí mismo es más
poderoso que el que conquista ciudades.”
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Historias con alma. Textos que permanecen.


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