Las Terrenas, el desafío de encontrar equilibrio entre desarrollo, comunidad y naturaleza.
Las recientes conversaciones surgidas en Las Terrenas en torno al acceso a
la playa y al desarrollo de proyectos inmobiliarios han despertado opiniones
diversas en la comunidad.
Y quizás eso no sea algo negativo.
Porque cuando un pueblo conversa sobre su territorio, sobre sus recursos
naturales y sobre el futuro que desea construir, significa que todavía le
importa.
Los que hemos crecido cerca del mar sabemos que una playa es mucho más que arena y agua.
Es el lugar donde muchas familias comparten un domingo.
Donde los niños juegan por primera vez frente al océano.
Donde los jóvenes construyen recuerdos.
Donde visitantes de todo el mundo descubren la belleza que nosotros hemos
tenido el privilegio de llamar hogar.
Las playas forman parte de nuestra identidad.
Pero también es cierto que el desarrollo forma parte del futuro.
Las Terrenas no es hoy el mismo pueblo de hace treinta años. Ha crecido, ha
evolucionado y se ha convertido en uno de los destinos más admirados del país.
Ese crecimiento ha traído empleos, inversiones, oportunidades y una dinámica
económica que beneficia a muchas familias.
Por eso el debate no debería ser desarrollo sí o desarrollo no.
El verdadero reto es más inteligente que eso.
La pregunta correcta es:
¿Cómo seguimos creciendo sin perder aquello que nos hace
únicos?
¿Cómo logramos que lleguen inversiones sin afectar el acceso público a
nuestras playas?
¿Cómo protegemos nuestros recursos naturales sin cerrar las puertas al
progreso?
¿Cómo construimos un futuro donde comunidad, medio ambiente y sector
empresarial puedan caminar en la misma dirección?
Las leyes existen precisamente para ayudarnos a encontrar ese equilibrio.
Cuando se respetan las normas ambientales, los accesos públicos y los
derechos de todos los ciudadanos, el desarrollo deja de ser una amenaza y se
convierte en una oportunidad.
Por eso, más que buscar confrontaciones, este momento debe servir para
fortalecer la transparencia, el diálogo y la confianza entre todos los actores
involucrados.
Las Terrenas necesita empresarios responsables.
Necesita ciudadanos vigilantes.
Necesita autoridades que hagan cumplir la ley.
Pero, sobre todo, necesita una comunidad capaz de sentarse a la misma mesa
y recordar que todos quieren lo mismo: un municipio próspero, hermoso y
accesible para las futuras generaciones.
Porque al final, una playa protegida beneficia a todos.
Y un desarrollo realizado correctamente también.
El verdadero éxito no será que gane una parte sobre la otra.
El verdadero éxito será que dentro de veinte años nuestros hijos puedan
disfrutar de las mismas playas que nosotros disfrutamos hoy, mientras
encuentran en su comunidad más oportunidades de las que tuvimos nosotros.
Ese es el equilibrio que vale la pena defender.
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Escribe desde una mirada que integra fe, comunicación y cultura, abordando temas espirituales con profundidad humana y criterio contemporáneo.
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