Las ciudades, como las
personas, crecen, cambian y evolucionan.
Las Terrenas está
viviendo uno de esos momentos.
La reciente decisión del
Ayuntamiento de iniciar la construcción de un nuevo cementerio municipal
responde a una necesidad real. El municipio ha crecido, la población ha
aumentado y las autoridades tienen la responsabilidad de planificar servicios
esenciales para las próximas décadas.
Por eso considero que
esta obra merece ser valorada.
No todas las inversiones públicas generan titulares espectaculares. Un cementerio no despierta la emoción de un hotel, una marina o un gran proyecto inmobiliario. Sin embargo, forma parte de la infraestructura básica que necesita una comunidad organizada para funcionar con dignidad y previsión.
En otras palabras, es
una obra que habla de planificación.
Pero mientras observaba
la noticia del primer picazo, una pregunta comenzó a rondar mi mente.
¿Qué ocurrirá con el
cementerio actual de Las Terrenas?
No me refiero únicamente
a su función como camposanto.
Me refiero a su valor
histórico, cultural y patrimonial.
Porque ese cementerio no
se encuentra en cualquier lugar.
Está ubicado en una de
las zonas más emblemáticas del municipio, muy cerca del mar y dentro del
corazón mismo de una comunidad que pasó de ser un pequeño pueblo costero a
convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes de la República
Dominicana.
Allí descansan personas
que conocieron Las Terrenas antes del auge turístico.
Pescadores.
Agricultores.
Comerciantes.
Madres y padres de
familia.
Hombres y mujeres que
ayudaron a construir el pueblo que hoy conocemos.
Y precisamente por eso
creo que vale la pena abrir una conversación pública sobre su futuro.
No para eliminarlo.
No para moverlo.
No para convertirlo en
un proyecto comercial.
Todo lo contrario.
Para preservarlo.
Para dignificarlo.
Para protegerlo como
parte de la memoria colectiva de Las Terrenas.
La idea no surge de la
improvisación ni de la nostalgia.
Existen precedentes
exitosos en distintas partes del mundo.
El Cementerio de la
Recoleta, en Buenos Aires, pasó de ser un simple lugar de sepultura a
convertirse en uno de los espacios históricos y culturales más visitados de
Argentina. El famoso Cementerio Père Lachaise, en París, forma parte de los
recorridos patrimoniales más importantes de la ciudad. En Nueva York, Green-Wood
Cemetery evolucionó hacia un modelo donde la conservación histórica, la
educación y el turismo cultural conviven con el respeto a quienes allí
descansan.
Las Terrenas no necesita
copiar esos modelos.
Su historia es
diferente.
Su identidad es
diferente.
Su escala es diferente.
Pero sí puede aprender
una lección importante de ellos:
La memoria también puede
formar parte del desarrollo.
Vivimos en una época
donde los turistas buscan cada vez más experiencias auténticas.
Playas hermosas existen
en muchos lugares del Caribe.
Hoteles espectaculares
también.
Lo que no puede
replicarse es la historia propia de una comunidad.
Y ahí radica el
verdadero valor de Las Terrenas.
Por eso imagino algo
sencillo, respetuoso y posible.
Imagino un Parque Memorial Histórico de Las
Terrenas.
Un espacio donde las
tumbas históricas sean conservadas y restauradas.
Donde las familias
fundadoras puedan ser identificadas.
Donde existan paneles
informativos sobre los orígenes del pueblo.
Donde estudiantes y
visitantes puedan aprender sobre quienes vivieron aquí antes de que llegaran
los grandes desarrollos turísticos.
Donde fotografías
antiguas, relatos familiares y documentos históricos ayuden a preservar una
parte de la identidad local.
No sería una atracción
turística convencional.
Sería un lugar de
respeto.
De educación.
De contemplación.
De memoria.
Un puente entre
generaciones.
Y quizás también una
forma inteligente de diversificar la oferta cultural del municipio.
Mientras muchos destinos
compiten construyendo nuevas atracciones, las ciudades más visionarias
entienden que su patrimonio también puede convertirse en un activo para el
desarrollo.
No se trata de explotar
la historia.
Se trata de protegerla.
De ponerla en valor.
De impedir que desaparezca
con el paso del tiempo.
Porque si algo nos
enseña la experiencia de muchas ciudades alrededor del mundo es que una vez que
la memoria se pierde, resulta casi imposible recuperarla.
Por eso celebro la
construcción del nuevo cementerio municipal.
Es una decisión
responsable.
Es una decisión
necesaria.
Pero también creo que
este es el momento ideal para que autoridades, historiadores, líderes
comunitarios, familias tradicionales y ciudadanos comiencen a preguntarse qué
legado queremos conservar para las futuras generaciones.
Las Terrenas posee
playas extraordinarias.
Posee belleza natural.
Posee crecimiento
económico.
Pero también posee una
historia que merece ser contada.
Y las ciudades
verdaderamente inteligentes no destruyen su pasado para construir su futuro.
Lo integran.
Lo protegen.
Y lo convierten en parte
de su identidad.
Quizás el viejo
cementerio de Las Terrenas todavía tenga una última misión que cumplir.
No como lugar del
pasado.
Sino como un espacio
capaz de conectar a las nuevas generaciones con las raíces que hicieron posible
el presente que hoy disfrutamos.
Preguntas abiertas para las autoridades y la comunidad
A la fecha, no hemos
encontrado información pública que explique cuál será el destino del actual
cementerio cuando el nuevo camposanto entre en funcionamiento.
Por eso, de manera
respetuosa, surgen algunas preguntas que podrían enriquecer el debate
ciudadano:
·
¿Existe algún plan oficial para el antiguo cementerio municipal?
·
¿Continuará operando de manera parcial o quedará fuera de servicio?
·
¿Se ha contemplado su valor histórico y patrimonial?
·
¿Existe un inventario de las familias fundadoras y personalidades
sepultadas allí?
·
¿Podría declararse patrimonio municipal o espacio de memoria histórica?
·
¿Se ha considerado desarrollar un proyecto de conservación y restauración?
·
¿Qué opinan las familias cuyos seres queridos descansan en ese lugar?
·
¿Puede convertirse en un activo cultural complementario al turismo de Las
Terrenas?
·
¿Cómo garantizar que el crecimiento urbano no provoque la pérdida de una
parte importante de la memoria colectiva del municipio?
No son preguntas de
confrontación.
Son preguntas de
planificación.
Preguntas que buscan
aportar.
Preguntas que invitan a
pensar en el futuro sin olvidar el pasado.
Porque mientras Las
Terrenas construye el cementerio que necesita para el futuro, quizás también
sea momento de reflexionar sobre qué hará con el cementerio que guarda su
historia.
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