El malecón que iba a
cambiarlo todo aún no existe, y con él se desvanece la confianza en la palabra
empeñada.
Por Rafael Enrique Correa
Comunicador y Director de La Revista Chocolate
Hace exactamente un año, el
presidente Luis Abinader visitó
Nagua acompañado del entonces ministro de Obras Públicas, Deligne Ascención, y de nuestras
principales autoridades. Aquel día —frente al mar y la esperanza de un pueblo
cansado de promesas— el mandatario fue claro: Pidió que el malecón de Nagua estuviera terminado para mediados del año 2025.
Según consta en la fuente oficial de la Presidencia de la República,
publicada el 9 de noviembre de 2024,
la obra contemplaría un helipuerto,
soluciones viales y de seguridad, impactando la vida de más de 70,000 personas y protegiendo la costa
ante posibles fenómenos naturales. Era, en palabras del propio gobierno, una
prioridad nacional.
Pero hoy, noviembre de 2025, esa promesa sigue sin
materializarse. La fecha pasó… y lo único visible son movimientos de tierra, materiales apilados y un silencio
institucional que pesa más que el concreto que nunca llegó.
Entonces, cabe preguntar:
¿Dónde queda la palabra del Presidente?
¿Quién o qué institución permite que el Jefe de Estado quede mal ante su propio
pueblo?
¿Dónde están los veedores, los informes de avance y los responsables del
seguimiento?
Todos hablan del malecón
como si ya existiera: “será la obra cumbre”,
“impulsará el turismo”, “transformará la provincia”. Pero en la realidad
—esa que los nagüeros caminamos cada día— no tenemos malecón, ni turismo renovado, ni explicación
convincente.
¿Por qué no se le da
prioridad a una obra tan estratégica?
¿Por qué se incumplió el cronograma?
¿Por qué, incluso con el cambio de ministro, el nuevo titular tampoco muestra
resultados visibles?
Nagua no puede seguir
viviendo de discursos, renders y maquetas. Queremos hechos. Queremos transparencia. Queremos respeto.
Porque este pueblo ha esperado décadas para ver esa franja costera convertida
en orgullo nacional, no en promesa repetida.
Y porque, al final, lo que más duele no es la obra inconclusa,
sino el eco de un compromiso público que se hizo frente al mar… y que todavía
no se ha cumplido.
No pedimos milagros, pedimos coherencia.
Porque cuando la palabra de un Presidente se cumple, la confianza de una nación se fortalece; pero cuando se
posterga sin explicación, se erosiona
algo más que la costa: Se erosiona la fe del pueblo.
Fuente:
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Comunicador con 21 años de experiencia. Director de La Revista Chocolate. Especialista en temas sociales, económicos, culturales y políticos del noreste de la República Dominicana. Miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y de la Asociación Dominicana de Prensa Turística (ADOMPRETUR). Miembro certificado de la International Federation of Journalists (IFJ). Reconocido como una de las voces más activas en la promoción del turismo y el desarrollo comunitario de María Trinidad Sánchez y la Costa Norte, donde combina una comunicación rigurosa y comprometida con una narrativa cultural que conecta comunidad, diáspora e identidad dominicana.
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