Las Terrenas ha
llegado al punto decisivo de su historia. Ya no es un pueblo pesquero olvidado
ni un secreto de viajeros curiosos, pero tampoco es aún una ciudad
estructurada, sostenible y preparada para el futuro. Nos encontramos en un
cruce de caminos donde el crecimiento puede transformarse en prosperidad o en
caos irreversible. Y hoy, como dominicano responsable de mi tierra y como
comunicador que ha visto nacer y evolucionar esta comunidad, siento el deber de
dejar un documento que sirva como guía, referencia y advertencia para las
próximas generaciones.
Lo que expongo aquí no nace de ideologías ni intereses. Nace de observar, de escuchar, de caminar las calles que ya no se pueden caminar, de respirar un aire que a veces se llena de ruido, de ver a dominicanos y extranjeros que aman este lugar vivir preocupados por el rumbo que hemos tomado. Y nace también del reconocimiento sincero de que Las Terrenas creció por una combinación única: el trabajo dominicano y la visión, retiro y capital de cientos de extranjeros que confiaron en este paraíso cuando todavía no aparecía en los mapas turísticos modernos.











