No todos caminamos al mismo ritmo
La investigación que dio origen a este artículo no nació
en un despacho oficial, ni en un congreso internacional, ni en una política pública.
Nació en una conversación de familia.
Mi esposa y yo tenemos
un hijo dentro del espectro autista.
Visualmente, nadie lo diría. Es sociable, respetuoso, afectuoso y, cuando se
siente seguro, se desenvuelve con naturalidad. En nuestra comunidad nunca lo
hemos ocultado; al contrario, lo hemos dicho con respeto y con verdad, porque
el autismo no es una vergüenza: es una condición humana que merece comprensión.
Hace un tiempo decidimos integrarlo a nuestro negocio familiar, Ricuras de Doña Esperanza, en el área de servicio al cliente. No como un acto simbólico ni por caridad, sino porque es bueno, porque tiene habilidades reales, porque si nosotros —sus padres— no le damos la oportunidad, ¿Quién se la va a dar?
Fue ahí, en lo
cotidiano, donde chocamos con una realidad que muchos prefieren ignorar:
hay personas que no tienen la paciencia para ser atendidas por alguien que va a
otro ritmo.
No por maldad.
Por desconocimiento.
Por una cultura que confunde rapidez con valor, y lentitud con incapacidad.
Y entonces surgió la
pregunta que lo cambió todo:
¿Tiene que cargar nuestro hijo con la presión de un mundo que no sabe
esperar, o puede el mundo aprender a esperar un poco más?
Buscando respuestas,
entramos a un universo que no conocíamos.
Donde todo comenzó: un aeropuerto, una observación y una decisión humana
En 2016, en el
aeropuerto de Gatwick, Inglaterra,
ocurrió algo simple pero revolucionario.
Las autoridades aeroportuarias, junto a grupos de usuarios y organizaciones
sociales, detectaron que miles de personas necesitaban apoyo durante su
tránsito, pero no tenían ninguna discapacidad visible que lo indicara.
No pedían privilegios.
Pedían comprensión.
La solución no fue
tecnológica ni costosa:
crearon un cordón verde con girasoles
amarillos, un símbolo discreto que comunicara de forma voluntaria un
mensaje sencillo:
“Puedo
necesitar más tiempo, paciencia o apoyo.”
Así nació el Hidden Disabilities Sunflower.
No para etiquetar.
No para diagnosticar.
Sino para humanizar el servicio.
De Inglaterra al mundo:
cómo la señal cruzó fronteras
Lo que comenzó como una
prueba local se convirtió en un estándar internacional.
Primero se expandió por
otros aeropuertos del Reino Unido.
Luego saltó a Europa.
Más tarde, a Estados Unidos,
donde comenzó a adoptarse en aeropuertos, universidades, hospitales, comercios
y servicios públicos.
Hoy, el girasol es
reconocido en múltiples países y sectores.
No porque sea bonito, sino porque funciona.
Funciona porque:
·
reduce conflictos,
·
baja la ansiedad social,
· mejora la experiencia del usuario,
· y educa silenciosamente al entorno.
En Estados Unidos, por
ejemplo, varios aeropuertos y entidades lo han integrado junto a protocolos claros y capacitación del personal,
entendiendo que el símbolo sin educación es solo decoración.
Y aquí aparece la
pregunta inevitable para nosotros:
Si las grandes potencias ya entendieron que no todos vivimos al mismo
ritmo, ¿por qué República Dominicana aún no ha dado ese paso?
No todos caminamos
igual… y eso no nos hace menos
Este no es un tema de
discapacidad.
Es un tema de civilización.
Vivimos en una sociedad
acelerada, donde todo es inmediato, rápido, urgente.
Pero la vida real no funciona así.
Hay personas que
procesan más despacio.
Que se abruman con el ruido.
Que necesitan instrucciones claras.
Que se bloquean ante la presión.
Y eso no las hace menos
capaces.
Las hace humanas.
El problema no es la
persona.
El problema es un sistema que solo sabe avanzar atropellando.
Una mirada espiritual
que no podemos ignorar
Desde la fe, esta
conversación es ineludible.
La Escritura no dice que
el amor es eficiente.
Dice que el amor es paciente.
Jesús nunca rechazó al
que iba lento.
Se detenía. Escuchaba. Acompañaba.
Entonces la pregunta es
incómoda, pero necesaria:
¿De qué nos sirven los discursos morales si no somos capaces de esperar al
otro?
La paciencia no es
debilidad.
Es dominio propio.
Es carácter.
Es
madurez.
¿Qué proponemos para
República Dominicana?
Esto no es una queja.
Es una propuesta.
1. Programas piloto
reales
Iniciar en espacios estratégicos:
·
Aeropuertos y turismo.
·
Transporte público.
·
Bancos y servicios esenciales.
·
Comercios y plazas.
2. Educación antes que símbolo
El girasol sin educación
no sirve.
Se necesita:
·
capacitación básica del personal,
·
señalética clara,
·
mensajes simples al público:
“Aquí algunas personas
pueden necesitar más tiempo. Gracias por su respeto.”
3. Un llamado institucional
directo
Este artículo es una
invitación abierta a:
·
CONADIS
·
Ministerio de Salud Pública
·
Ministerio de Turismo
·
Ministerio de Educación
·
INTRANT, OPRET
·
Cámaras de Comercio
·
Sector privado consciente
No para señalar, sino
para liderar.
Cuando un país aprende a
esperar
Este texto no nace del
activismo ruidoso ni del victimismo.
Nace del deber cívico de
preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo.
Una nación no se mide
solo por su crecimiento económico.
Se mide por cómo trata a quienes no
pueden correr.
El girasol no pide
privilegios.
Pide humanidad.
Y tal vez el verdadero
atraso no sea no tener este símbolo,
sino creer que la prisa es más importante que la dignidad.
Porque cuando un país
aprende a esperar al más vulnerable,
no se hace más lento.
Se hace más grande.
Historias con alma. Textos que permanecen.



Excelente artículo
ResponderEliminarGracias por dar tu aporte, leerte es educarse.
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