miércoles, 31 de diciembre de 2025

No todos caminamos al mismo ritmo: la señal silenciosa que el mundo ya adopta y que República Dominicana aún no ha activado



Por Rafael Enrique Correa
Comunicador | Director,  La Revista Chocolate

No todos caminamos al mismo ritmo

La investigación que dio origen a este artículo no nació en un despacho oficial, ni en un congreso internacional, ni en una política pública.
Nació en una conversación de familia.

Mi esposa y yo tenemos un hijo dentro del espectro autista.
Visualmente, nadie lo diría. Es sociable, respetuoso, afectuoso y, cuando se siente seguro, se desenvuelve con naturalidad. En nuestra comunidad nunca lo hemos ocultado; al contrario, lo hemos dicho con respeto y con verdad, porque el autismo no es una vergüenza: es una condición humana que merece comprensión.

Hace un tiempo decidimos integrarlo a nuestro negocio familiar, Ricuras de Doña Esperanza, en el área de servicio al cliente. No como un acto simbólico ni por caridad, sino porque es bueno, porque tiene habilidades reales, porque si nosotros —sus padres— no le damos la oportunidad, ¿Quién se la va a dar?

Fue ahí, en lo cotidiano, donde chocamos con una realidad que muchos prefieren ignorar:
hay personas que no tienen la paciencia para ser atendidas por alguien que va a otro ritmo.

No por maldad.
Por desconocimiento.
Por una cultura que confunde rapidez con valor, y lentitud con incapacidad.

Y entonces surgió la pregunta que lo cambió todo:

¿Tiene que cargar nuestro hijo con la presión de un mundo que no sabe esperar, o puede el mundo aprender a esperar un poco más?

Buscando respuestas, entramos a un universo que no conocíamos.

 

Donde todo comenzó: un aeropuerto, una observación y una decisión humana

En 2016, en el aeropuerto de Gatwick, Inglaterra, ocurrió algo simple pero revolucionario.
Las autoridades aeroportuarias, junto a grupos de usuarios y organizaciones sociales, detectaron que miles de personas necesitaban apoyo durante su tránsito, pero no tenían ninguna discapacidad visible que lo indicara.

No pedían privilegios.
Pedían comprensión.

La solución no fue tecnológica ni costosa:
crearon un cordón verde con girasoles amarillos, un símbolo discreto que comunicara de forma voluntaria un mensaje sencillo:
“Puedo necesitar más tiempo, paciencia o apoyo.”

Así nació el Hidden Disabilities Sunflower.

No para etiquetar.
No para diagnosticar.
Sino para humanizar el servicio.

 


De Inglaterra al mundo: cómo la señal cruzó fronteras

Lo que comenzó como una prueba local se convirtió en un estándar internacional.

Primero se expandió por otros aeropuertos del Reino Unido.
Luego saltó a Europa.
Más tarde, a Estados Unidos, donde comenzó a adoptarse en aeropuertos, universidades, hospitales, comercios y servicios públicos.

Hoy, el girasol es reconocido en múltiples países y sectores.
No porque sea bonito, sino porque funciona.

Funciona porque:

·       reduce conflictos,

·       baja la ansiedad social,

·       mejora la experiencia del usuario,

·       y educa silenciosamente al entorno.

En Estados Unidos, por ejemplo, varios aeropuertos y entidades lo han integrado junto a protocolos claros y capacitación del personal, entendiendo que el símbolo sin educación es solo decoración.

Y aquí aparece la pregunta inevitable para nosotros:

Si las grandes potencias ya entendieron que no todos vivimos al mismo ritmo, ¿por qué República Dominicana aún no ha dado ese paso?

 

No todos caminamos igual… y eso no nos hace menos

Este no es un tema de discapacidad.
Es un tema de civilización.

Vivimos en una sociedad acelerada, donde todo es inmediato, rápido, urgente.
Pero la vida real no funciona así.

Hay personas que procesan más despacio.
Que se abruman con el ruido.
Que necesitan instrucciones claras.
Que se bloquean ante la presión.

Y eso no las hace menos capaces.
Las hace humanas.

El problema no es la persona.
El problema es un sistema que solo sabe avanzar atropellando.

 

Una mirada espiritual que no podemos ignorar

Desde la fe, esta conversación es ineludible.

La Escritura no dice que el amor es eficiente.
Dice que el amor es paciente.

Jesús nunca rechazó al que iba lento.
Se detenía. Escuchaba. Acompañaba.

Entonces la pregunta es incómoda, pero necesaria:

¿De qué nos sirven los discursos morales si no somos capaces de esperar al otro?

La paciencia no es debilidad.
Es dominio propio.
Es carácter.
Es madurez.

 

¿Qué proponemos para República Dominicana?

Esto no es una queja.
Es una propuesta.

1. Programas piloto reales

Iniciar en espacios estratégicos:

·       Aeropuertos y turismo.

·       Transporte público.

·       Bancos y servicios esenciales.

·       Comercios y plazas.

2. Educación antes que símbolo

El girasol sin educación no sirve.

Se necesita:

·       capacitación básica del personal,

·       señalética clara,

·       mensajes simples al público:

“Aquí algunas personas pueden necesitar más tiempo. Gracias por su respeto.”

3. Un llamado institucional directo

Este artículo es una invitación abierta a:

·       CONADIS

·       Ministerio de Salud Pública

·       Ministerio de Turismo

·       Ministerio de Educación

·       INTRANT, OPRET

·       Cámaras de Comercio

·       Sector privado consciente

No para señalar, sino para liderar.

 

Cuando un país aprende a esperar

Este texto no nace del activismo ruidoso ni del victimismo.
Nace del deber cívico de preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo.

Una nación no se mide solo por su crecimiento económico.
Se mide por cómo trata a quienes no pueden correr.

El girasol no pide privilegios.
Pide humanidad.

Y tal vez el verdadero atraso no sea no tener este símbolo,
sino creer que la prisa es más importante que la dignidad.

Porque cuando un país aprende a esperar al más vulnerable,
no se hace más lento.
Se hace más grande.

 

Nota editorial
Tras esta investigación, no encontramos evidencia de una activación pública, institucional o mediática del programa Hidden Disabilities Sunflower en la República Dominicana. Por esa razón, asumimos con responsabilidad que este es el primer medio de comunicación del país en abrir esta conversación de manera formal y documentada.
Ojalá que los medios más grandes, las instituciones más fuertes y los colegas que lean estas líneas tomen la antorcha, amplifiquen el mensaje y permitan que esta idea camine, se debata y se convierta en acción.
Porque los cambios reales no nacen del silencio, sino de cuando alguien se atreve a decir: esto hace falta.

 _______________________________________


Comunicador con 22 años de experiencia y director de La Revista Chocolate.
Miembro del SNTP, ADOMPRETUR e IFJ.
Escritor de Semblanzas & Biógrafo Personal.
Ghostwriter especializado en historias humanas.

Si deseas una semblanza para boda, aniversario o despedida; una biografía familiar o empresarial; o un reportaje sobre tu negocio o proyecto, puedes escribirme al 809-584-1220 (solo mensajes).

Historias con alma. Textos que permanecen.

2 comentarios:

En la Revista Chocolate valoramos cada palabra y cada opinión.
Muy pronto nos pondremos en contacto contigo si es necesario.

📬 Mientras tanto, te invitamos a seguirnos en Instagram [@revistachocolate] y a descubrir más historias que merecen ser contadas.

Samaná ante Rincón Bay: preguntas necesarias antes de decidir el futuro

  Por Rafael Enrique Correa Comunicador | Director,   La Revista Chocolate www.larevistachocolate.com En los últimos días, el nombre Rincón ...